Eso va a ser de la física

Este es el fútil intento de hacer algo poco serio para el cuatrigésimo noveno Carnaval de Física organizado por @cuantozombi en su BLOG con mayúsculas cuantozombi.com. Que las otras dos entradas (una y dos) eran muy seriotas. 

Esta es la bonita historia de superación personal de uno de los animales de juguete que pueblan mi casa.

En el país de los animalitos vivía el señor Vaca, de color naranja rojizo con manchas carmesí. Era muy infeliz, y es que no podía caminar erguido. Hiciera lo que hiciera acababa con su  morro contra el asfalto. Por eso, su buena amiga la señora Conejo le acompañaba siempre que podía, sujetándole con sus fuertes orejas.

Esto es una amiga y lo demás son tonterías.

Esto es una amiga y lo demás son tonterías.

–          No es justo! – decía el señor Vaca – Por  qué puede la señora Conejo mantenerse siempre erguida y yo, en cambio, me esmorro continuamente?

El cuñado del señor Vaca, Don Toro de Lidia – que es un animal hecho a sí mismo, de la universidad de la vida en la dehesa – se lo explicó con su tono firme y complaciente:

–          Yo lo siento mucho por ti, de verdad – dijo intentando empatizar con él, con escaso éxito – pero es que su físico hace que sea muy estable. Tiene una base muy amplia, con sus patitas delanteras proyectándose hacia delante, de manera que todo su cuerpo se encuentra rodeado por su base. Por eso no se cae y es más estable. Tú, en cambio, tienes unas patitas muy cortas y finas, con un área de contacto muy pequeña, y así no hay manera.

Catapún! Sin ayuda, de morros al suelo.

Catapún! Sin ayuda, de morros al suelo.

Pues la verdad es que su cuñado sabía de todo e inspiraba confianza, pero lo que decía tenía pinta de magufada. Como que el tamaño de la base? Mira el maldito Sir Avestruz! Tiene dos patitas con un pie mínimo y es estable cual montaña! Aquí había algo que estaba pasando por alto, así que decidió que ya era hora de agarrar la vaca por los cuernos y fue a la consulta del doctor Perro. El sistema de salud semi-privatizado que había implantado el alcalde, Don Zorro, no funcionaba muy fino; por suerte el doctor Perro era muy eficiente y era capaz de despachar más pacientes que la media a base de meter horas. Por eso, al señor Vaca no le extrañó que fuera directo al grano nada más entrar.

–          Tú lo que necesitas no es un doctor como yo – dijo el Dr. Perro.

–          Ya está – pensó Vaca – me derivan al especialista desde el primer momento. Estos sistemas privados sacándote los cuartos de doctor en doctor mientras te mueres lentamente…

–          Tú necesitas un doctor en física! Te derivaré al Profesor Gato, que podrá ayudarte mucho mejor que yo.

–          En serio? Un físico? – dijo Vaca – Y seguro que él podrá ayudarme? Mira que no quiero acabar en la consulta de la señora Lamprea, que me da que eso de la homeopatía es una engañifa (a pesar de que al marido de la prima de mi cuñado le curaron un cáncer con reiki homeopático).

–          Tú tranquilo, que no sé si tiene la solución, pero lo tuyo es de la física seguro.

El doctor Perro inpira confianza.

El doctor Perro inspirando confianza.

Y allí que se dirigió el señor Vaca. Así que estoy mal de la física, quien lo iba a decir. Con lo saludables que salieron mis compañeros de molde. Todos con la física por las nubes. Y yo aquí, con el morro por tierra.

El Prof. Gato era un tanto peculiar. Tan pronto te auscultaba como se tiraba al suelo inerte por un rato. Si es que ser doctorado en física no puede ser bueno para la cabeza, ya lo dice mi cuñado. Pero resultó ser de mucha ayuda. Realmente sabía lo que hacía.

–          Usted lo que tiene es un desequilibrio en el centro de masas respecto de sus puntos de apoyo – dijo.

–          Mande? – el señor Vaca puso cara de desquicie.

–          Déjeme que se lo explique…

–          Como?! Pero si los doctores no explican nada!

–          Es que yo soy un tipo de doctor diferente: lo explico todo. Da igual que no lo entienda, yo se lo explico: usted es un juguete con una masa determinada. Pero la masa no está distribuida de manera uniforme a lo largo de todo su cuerpo, por lo que su centro de gravedad (el lugar ficticio en el que podemos colocar una fuerza equivalente a su peso) no está centrado longitudinalmente. En su caso tiene usted la cabeza sobredimensionada, acumulando una gran cantidad de material a su alrededor; por lo tanto, su centro de gravedad se sitúa adelantado. Esto de por sí no es un problema, ahí tiene usted al doctor Perro, con su cabeza grande cual melón; el problema es que en su caso el centro de gravedad se encuentra por delante de todos sus puntos de apoyo.

–          Se refiere a mis patas?

–          Eso es. Para que un cuerpo se encuentre en equilibrio estático se han de cumplir dos criterios: ha de existir un equilibrio de fuerzas, y además un equilibrio de momentos.

–          Un momento, un momento… qué es un momento?

–          Uf, me lo está poniendo usted difícil. Dicho rápido y mal, un momento se genera cuando una fuerza actúa a determinada distancia de un punto. Esta fuerza genera un momento en ese punto, equivalente al producto de la fuerza por la distancia más corta desde la línea de aplicación de la fuerza hasta el punto. La fuerza hará que el objeto intente girar respecto a ese punto; eso es un momento.

Una fuerza F aplicada a una distancia d genera un momento M. Y si el apoyo lo permite, hará que el objeto gire o ruede.

Una fuerza F aplicada a una distancia d genera un momento M. Y si el apoyo lo permite, hará que el objeto gire o ruede.

–          Mmmmm… bueno, de acuerdo, volvamos a mi caso.

–          En su caso, al tener el centro de gravedad fuera de sus puntos de apoyo, no es posible llegar a un equilibrio de momentos, por lo que aparece cierto momento que hace que dé con su cara en el camino.

R1 y R2 son las reacciones que el peso genera al transmitirse al suelo, y como podéis comprobar no son capaces de contrarestar el momento generado por el peso del señor Vaca.

R1 y R2 son las reacciones que el peso genera al transmitirse al suelo, y como podéis comprobar no son capaces de contrarestar el momento generado por el peso del señor Vaca.

–          Pero entonces… porqué me paro cuando estoy con la jeta en el suelo?!

–          Pues porque entonces sus puntos de apoyo ya no son sus cuartos delanteros y sus cuartos traseros, sino sus cuartos delanteros y su morro. Y como el centro de masas sigue en el mismo lugar, ahora ya es posible llegar a un equilibrio de momentos, generando el equilibrio estático que tanto ansía.

Al señor vaca el cerebro le iba a mil. Sólo entender la extraña jerga del Profesor Gato ya le estaba dando dolor de cabeza. Pero él era un animal inteligente, y empezó a ver un agujero en la explicación del profesor.

–          Pues entonces ya me explicará usted porqué cuando me ayuda la señora Conejo, que lo único que hace es poner su oreja para que yo ponga detrás la mía, no me caigo. Ahí no hay un punto de apoyo que genere la fuerza vertical necesaria para el equilibrio de momentos! (Hah! Gotcha!)

–          El hecho es que no es necesario que la fuerza que equilibre sus momentos sea vertical. En su caso, cuando recibe asistencia de su compañera, La fuerza de reacción horizontal se encuentra situada por encima de su centro de gravedad. Por ello, el momento que genera es contrario al generado por el resto de fuerzas.

–          (Menudo animal, se las sabe todas!) Y entonces… entonces ya no tenemos equilibrio de fuerzas horizontales!

–          Juzga usted erróneamente de nuevo. Existe la denominada fuerza de rozamiento, que hace que unas superficies en contacto sean capaces de transmitir esfuerzos tangenciales. A más coeficiente de rozamiento, más fuerza se puede transmitir. En su caso, las patitas de goma poseen un elevado rozamiento que permite generar una reacción horizontal a las fuerza de reacción en la oreja de la señora Conejo. Todo el sistema se encuentra en un bello equilibrio estático. Pero mejor dejemos los conceptos complejos para una sesión más avanzada.

Vaca estaba sudando. Nunca había necesitado pensar tanto para hablar con alguien, su cerebro estaba sobrecalentado y necesitaba un descanso. Se recostó en el diván.

–          Por qué tiene usted un diván?

El profesor Gato no respondió. Estaba en el suelo con la lengua fuera y los ojos en blanco. De pronto volvió en sí.

–          Y puede que tenga una solución para usted.

–          En serio!?

–          Ha oído usted hablar de los tentetiesos?

–          Pues sí, pero no sé qué me da que usted me va a contar cosas sobre las que jamás había pensado…

–          Pues usted necesita convertirse en un tentetieso. No importa qué posición adquiera, al final siempre acaba tieso! Tente-tieso, lo pilla usted?

–          Ya veo que del sentido del humor también estamos un poco tocados…

–          Mire usted: los tentetiesos tienen la base redondeada, y su centro de masas se encuentra muy cercano al suelo, por debajo de su centro de rodadura. De esa manera, cuando intenta rodar el centro de masas se desplaza lateralmente en sentido contrario al del centro de rodadura, por lo que la fuerza del peso crea un momento que tiende a centrarlo de nuevo. El tentetieso siempre está de pie!

Tente-tieso! Lo pillais?!

Tente-tieso! Lo pillais?!

–          Hombre, tampoco es eso, que yo quiero poder dormir tumbado… de todas maneras espérate un poco. Que con tanta explicación ya he entrado en calor y me parece que no has pensado en una cosa. Si la base es redondeada, no podré sujetarme en las cuestas! Caeré rodando cual pelota desbocada. No, si se me está pegando hasta el lenguaje.

–          Está usted en lo cierto, señor Vaca. Una pelota, con su centro de gravedad y de rodadura coincidentes, no es estáticamente estable en una cuesta. Sin embargo, el tentetieso puede llegar a serlo, siempre que el rozamiento en la pendiente sea suficiente. Pero ya le digo, dejemos la tribología para la siguiente consulta.

–          Anda, pues no me lo habría imaginado. Sin embargo, la cirugía es una decisión muy importante, me lo he de pensar.

Según salía por la puerta oyó como el profesor Gato se desplomaba por enésima vez. De vuelta a casa en solitario, arrastrando el morro por los suelos, sólo podía pensar una cosa.

–          Mi cuñado no tiene ni puta idea.

Pues eso.

Nota 1: La entrada ha recibido el premio “It’s science bitches!” de @kpitel y estoy orgullosísimo por ello, mil gracias! La chapita va a  la columna lateral en cuanto tenga un rato más largo 😀

Nota 2: Si queréis difundirla más, la tenéis en Menéame y en Divúlgame.

Anuncios

8 comentarios en “Eso va a ser de la física

    • Ya lo veo, con un peso colgado de la cola XD
      Como mínimo no necesita cirugía, pero quién quiere soluciones sencillas! 😉

  1. Me encantas. Mucho. Enhorabuena por el post!

    Los ejemplos son geniales, jeje

  2. Pingback: Carnaval de la Física #49: el nudo | El zombi de Schrödinger

  3. Pingback: Carnaval de la física #49: el desenlace | El zombi de Schrödinger

  4. Pingback: Carnaval de la física #49: el mejor artículo | El zombi de Schrödinger

  5. Pingback: Segundo blogiversario | Haciéndome el Sueco

Los comentarios están cerrados.