Escepticismo precoz y niños preguntones

Día de Santa Lucía. Atracón de galletas de jengibre. Dolor de tripas espantoso. Solución que cualquier padre probaría: dar un beso en la tripa.

Aita, ¡los besos no curan!

Ya está. Tras decenas de ensayos, mi retoño de tres años y medio ha llegado a la conclusión de que los besos no curan. Solo le ha faltado decir que la supuesta mejora es debida al efecto placebo. Realmente no se si estoy contento de que haya llegado a esa conclusión él solo, o triste porque se nos ha acabado el truco. Pero esta frase tan escéptica me sirve de McGuffin para hablar sobre el ansia de saber de los niños de tres a cinco años, que la estoy sufriendo en mis propias carnes.

¡Culpable!

¿Y por qué?

En cuanto los niños son capaces de articular frases cortas aparece el temido ¿Y por qué? Los niños de tres a cuatro años comienzan a entender la causalidad, y su curiosidad provoca que pregunten sin cesar por la causa de distintas cuestiones. Puede ser realmente agotador, sobre todo cuando no es evidente ni fácil de explicar. ¿Por qué has dicho hola a esa señora? es relativamente sencillo. Porque es una conocida y estoy siendo educado con ella. La causalidad es evidente. ¿Por qué ese señor ha cruzado el semáforo en rojo? tiene más miga, puesto que no conocemos los motivos, pero se soluciona con una respuesta-duda: Pues no lo sé, pero a lo mejor no se ha dado cuenta de que el semáforo estaba de color rojo. Curiosidad satisfecha, ambos felices. Cuando la causalidad es muy compleja, e.g. ¿Por qué las vacas tienen cuernos? la cuestión se puede zanjar con un abanico de posibilidades: algunos animales tienen cuernos con pincho, como las vacas; otros tienen cuernos con ramas como los renos; otros no tienen cuernos, como los perros. Hay muchos tipos diferentes de animales.

Es especialmente irritante cuando empalman uno tras otro los por qué. Ejemplo: ¿Y porqué hay diferentes tipos de animales?  Algunas  veces ni siquiera tiene sentido preguntar otro por qué, pero ellos no lo saben, trabajan a prueba y error. Quieren saber si se puede saber. Nada que no se pueda solucionar con un poco de paciencia, pero puede llegar a ser agotador. Es agotador.

Pumba!

Mi cabeza tras el quinto ‘por qué’ en cadena

En mi caso el problema viene cuando la causalidad es técnica, pero muy compleja para un niño de cuatro años. ¿Por qué las puertas del autobús hacen Pschhhh al abrirse y cerrarse? Problemón. En nuestra familia los dos adultos somos doctores en ingeniería. Somos expertos en saber como funcionan las cosas y explicarlo a gente adulta. Pero… ¿como le explicas a un niño la acústica del sistema neumático? Pues mira, es que la apertura y cierre de puertas está gobernada por un sistema neumático que, al expulsar a la atmósfera el aire a presión retenido por los cilindros, produce ese sonido debido a la perdida de carga en la salida. El pobre niño te va a mirar con cara de “me estás vacilando” y va a creer que no le tomas en serio. Aparte del ejemplo anterior, hace poco he tenido que lidiar con ¿Por qué el tren hace clonk-clonk—clonk-clonk— cuando sale de la estación? y es un esfuerzo mental tremendo buscar una explicación que le deje satisfecho y no sea demasiado complicada.

Sin embargo soy firme partidario de reducir mi salud mental a costa de responder el mayor número de preguntas posibles, con el mayor equilibrio posible entre precisión y simplicidad. Quiero que mis hijos sepan que existe una causalidad en todo. Que nada es por que sí. Que no son pesados por seguir preguntando. Quiero, deseo, que sean científicos precoces. Jóvenes escépticos. Que siempre quieran saber más. Y que no se avergüencen de ello.

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5 comentarios en “Escepticismo precoz y niños preguntones

  1. Que suerte tienen tus hijos (bueno, la pequeña cuando aprenda a hablar).

    Yo debí ser una tortura para mis padres al menos hasta que aprendí a leer y pude buscar información y entretenimiento por mi cuenta. De cuando ya tengo memoria sí que recuerdo que no preguntaba demasiado a los adultos, excepto a los profesores, (supongo que a fuerza de que me contestaran que me callara).

    También recuerdo vagamente el explicar algunos de los “Y por qué” de mi hermana, pero claro, con sólo dos años más que ella no debían ser explicaciones muy buenas 🙂

    • Gracias 🙂
      Hoy realmente está poniendo nuestra paciencia a prueba. Le han regalado una peli que no es para su edad (Tadeo Jones) y no entendía nada. Nos ha frito a preguntas…
      Recordad, abuelos: regalad cosas adecuadas para la edad de vuestros nietos.

      • Como es de dibujos animados es “para niños”.

        A mi madre todavía no le entra en la cabeza que hay tebeos, películas y series de dibujos que no son para niños…

        La próxima vez interceptad los regalos XDDD

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